Hace tiempo soñé con ser periodista y ganarme la vida con ello. Me gustaba poder contar a la gente lo que sucede en el mundo para que ellos formasen su propia opinión. Me gustaba escribir. Hablo en pasado porque el periodismo como tal casi ni existe. Los periodistas, cada vez más, se deben a la empresa que a final de mes les llena la cuenta del banco. La palabra mercenario no me gusta pero es lo más parecido que encuentro.
Siete años después de empezar a convertir mi sueño en realidad estoy lejos de la meta. Tras licenciarme en la UCM y luchar cada día en aquel nido de trepadores, decidí especializarme en periodismo deportivo. Mi pasión, lo que me mueve cada día. Busqué el único máster oficial en España sobre la materia y di con mis pasos en la UEM. Y durante este tiempo he viajado fuera a mejorar mis idiomas, he hecho prácticas en medios regionales y nacionales, no he parado de aprender... No sé si es culpa de la crisis o mía porque no soy lo suficientemente buena. Se me acaban las respuestas. La idea de no depender de mis padres que han sacrificado todo, tiempo y dinero, para que yo sea de mayor lo que quería ser de pequeña; de ser autosuficiente, de ganarme la vida como periodista de deshace como las hojas mojadas de un periódico.
El paro. Ese lugar donde estamos tantos. Demasiados. Me mataba. Me comía por dentro. Me destruía. Y apareció la oportunidad de irme a Mallorca a trabajar de algo tan lejano de lo que he aprendido en estos últimos siete años... Pero necesitaba sentirme útil, dejar de ser una carga. Me voy. Seis meses. Algo es algo. Y a mi vuelta ya no me esperará Madrid. Lo hará Zaragoza. Pero eso es otro capítulo del que me haré cargo dentro de seis meses porque el que empiezo cuando aterrice en Palma irá escrito aquí: http://ensaimadadesobrasada.blogspot.com/
La esperanza es lo último que se pierde. No sé si a mí me queda algo de ella... Ahora mismo no sé nada. Sólo tengo miedo ante lo desconocido.